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Hechos Económicos

Estados Unidos, en disolución.

Dicen que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.  En términos de economía y termodinámica, eso significa un fuerte alejamiento del equilibrio.  Ese fue el tema que apasionó a Ilya Prigogine, un ruso establecido en Bélgica que ganó el Premio Nobel de Química en 1977 por su “gran contribución a la acertada extensión de la teoría termodinámica a sistemas alejados del equilibrio, que sólo pueden existir en conjunción con su entorno”.  Esa es la cuestión: el exceso sólo puede ocurrir con el patrocinio existente en el entorno.

Al terminar la segunda guerra mundial en 1945, Estados Unidos quedó como la potencia dominante en occidente gracias a que los europeos hicieron todo lo posible para destruir sus economías.  Así es que en tierra de ciegos el tuerto es rey.  La dirigencia de Estados Unidos aprovechó la oportunidad para imponer el dólar como la divisa en el comercio internacional, a despecho de la propuesta de Keynes y del propio presidente Roosevelt sobre la pertinencia de una moneda no dependiente de ningún país y a cargo de un organismo multilateral. 

¿Que son 15 Billones?

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La idea de Keynes fue que no era bueno que país alguno se quedara con las ventajas que otorga el control monetario, también que era  deseable que existiera equilibrio en la balanza comercial global y en la de cada país, y que los excedentes de los países industrializados sirvieran para apoyar a los países subdesarrollados.     Este por definición era un modelo de desarrollo basado en el mercado interno, con sanciones para los que incurrieran en desequilibrios, e intercambio justo y solidario.     

El peso de los intereses de la élite gringa se impuso sobre las fuertes personalidades de Roosevelt y Keynes.  Luego de las dos guerras mundiales, libradas en territorio ajeno y el aprovechamiento para hacer negocios con tirios y troyanos, Estados Unidos se quedó con el 80% de las reservas de oro.  Tenía así la base y el motivo para promover sus intereses en el nuevo sistema monetario internacional: no estaba dispuesto a usar sus excedentes de oro para promover el desarrollo internacional  y el mismo excedente le servía como disculpa para convertir al dólar en la moneda que sirviera de unidad de medida, de medio de intercambio y medio de acumulación.   Como para ese entonces sólo se confiaba en el oro, bastó con la promesa de mantener la libre convertibilidad del dólar por oro a razón de 35 dólares por onza Troy.   Aunque Estados Unidos sólo puso el 31,1% de los fondos, era evidente que los países europeos, arrasados por la segunda guerra mundial no estaban en capacidad de formar sindicato alguno con países como la Unión Soviética para oponerse a que Estados Unidos se quedara con el control.  Keynes hizo sus últimos esfuerzos proponiendo que los directivos de las instituciones que surgieron del acuerdo de Bretton Woods, El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, dependieran en algo de los bancos nacionales europeos, pero fracasó en el intento.

Lo que ocurrió después es una tragicomedia.  Los biólogos nos enseñan que si una rana salta a una vasija con agua caliente hace lo posible por salir inmediatamente, pero que si el agua está fría y luego se pone a calentar poco a poco, será incapaz de salir y se dejará cocinar.  Nada más gráfico que este ejemplo.  Estados Unidos respetó durante un buen tiempo el compromiso de convertibilidad logrando la confianza de todos los socios del sistema monetario.  Pero poco a poco fue notable que el gobierno de  Estados Unidos estaba imprimiendo más billetes que los que era posible respaldar con el oro disponible. Aquí es bueno recordar que el dinero tiene valor porque se supone respaldado en la producción del pasado o la promesa de la producción futura. En ese contexto si un país imprime más billetes de los que puede respaldar la producción actual y su capacidad real de producir en el futuro, simplemente es como un cheque sin fondos. 

El presidente francés Charles de Gaulle, el único europeo que conservaba cierta independencia, protestó porque empresarios gringos estaban comprando empresas en Europa con billetes sin respaldo en la producción o en las reservas de oro, y exigió que le entregaran el oro representado por sus reservas en dólares. Se hizo famosa su amenaza de enviar un avión cargado con los dólares de la reserva y traer a cambio el oro correspondiente.  La respuesta del presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, fue decretar la inconvertibilidad del dólar, dada la abrumadora emisión acumulada sin respaldo.  Y los países socios y el propio Estados Unidos, como la rana, fueron incapaces de salirse de la olla caliente.  Ya conocido el hecho, Estados Unidos llegó al extremo del cinismo y convirtió en obligación que todos los países acumularan reservas en dólares, a pesar de que existen alternativas posibles.  Ahora, cada vez que uno de nosotros guarda dólares como reserva para gastos futuros, estamos financiando, sin cobrar intereses o a tasas muy bajas, el exceso de gastos de los estadounidenses, entre ellos su capacidad para hacer la guerra a países que no se pueden defender.

Así Estados Unidos adquirió su señorío sobre todo el  mundo, el derecho de señoriaje. A partir de ese momento el aumento de la disponibilidad de recursos por parte del gobierno y de las grandes corporaciones de Estados Unidos no depende de sus fuentes naturales y de su trabajo sino de su imprenta de billetes.  

El mundo entero fue obligado a recibir dólares y guardarlos como reserva en grandes cantidades.  Un depósito en reserva es un dinero que no se puede usar, es sólo para los casos de emergencia.  Y está muy mal visto tener emergencias. Por cada colombiano hay unos 720 dólares, y 1800 por cada brasileño.  Brasil entre 1963 y 2005 perdió el 24% de su crecimiento por no usar su dinero en reserva.  La obligación de incrementar las reservas en divisas constituye una carga inicua para los países en desarrollo.  Este costo se podría evitar si existiera un verdadero sistema internacional de pagos como el propuesto por Keynes en 1944.

Pero, como lo sabe cualquier hijo de vecino, todo exceso es vicioso y todo vicio es un prolegómeno del fin. Estados Unidos, gracias al poder del señoriaje, poco a poco ha abandonado la sana costumbre de vivir del producto de su trabajo y se ha endeudado con el resto del mundo.  Es de notar que las reservas en dólares son en realidad una deuda que Estados Unidos tiene con el país propietario de la reserva. Es decir, que Estados  Unidos tiene que convertir en bienes o servicios todos los dólares. Así es que las reservas son una acumulación de promesas de que Estados Unidos entregará a cambio el producto de su trabajo.  Estados Unidos le debe al resto del mundo por reservas unos 9,8 billones de dólares (9.800.000.000.000), unos 31 mil dólares por cada estadounidense.  El déficit presupuestal estadounidense ha llegado al 110% del PIB, unos 15 billones de dólares (o trillones como los denominan ellos).

El problema está en que no es posible seguir endeudándose por vía del crédito directo o por la vía de las reservas.  Es por la misma razón que un tendero no puede fiar indefinidamente pues en algún momento debe cobrar para disponer de los recursos necesarios para renovar sus inventarios.

Dado que Estados Unidos no parece estar en capacidad ni tener la decisión de modificar su comportamiento, el mundo intentará cambiar sus reservas por otras monedas, o, incluso, bienes con liquidez comercial como el oro y el petróleo.  Poco a poco, entonces, el poderío de Estados Unidos se esfumará.  Como dijo un conocido autor en su frase más poética, con el capitalismo todo lo sólido se desvanece en el aire.

De acuerdo con la visión de Prigogine, Estados Unidos se ha sumido en un proceso de degradación, pero este proceso degradatorio no ha sido posible sin ayuda, y ha contado con la complicidad de las pomposas élites nacionales. Pero precisamente llegará a su fin porque ese apoyo no puede ser ilimitado. La burbuja explotará y el valor del dólar caerá a niveles impensables. La sola posibilidad de que el dólar se deprecie en un 50% pondrá al PIB de Estados Unidos a valer sólo un 70% del PIB chino. Si el valor del dólar cae al 30% su PIB equivaldrá al de Japón o al de India. Ya de por sí el valor del oro dejó de ser los 35 dólares comprometidos y hoy vale unos 1820 por onza y J.P. Morgan afirma que llegará a 2500 al finalizar el año.

Ese tipo de observaciones fue las que hizo Francis Bacon sobre España a mediados del siglo XVII: sin la suficiente capacidad de producción no puede mantenerse como la potencia mundial. España no mejoró su capacidad productiva y hoy tan sólo es la alcahueta de las agresiones militares estadounidenses.